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Biografía

    Miguel Ríos fue durante muchos años el estandarte del rock español. No obstante, eran tiempos oscuros en los que no era difícil ser el rey tuerto en el país de los ciegos. Tras la ruptura que supuso la Movida madrileña de los 80 y el éxito del rock alternativo en los 90, la propuesta de Ríos dejó de resultar excitante, para pasar a engrosar la extensa lista de viejas glorias venidas a menos. El artista nace en Granada, en 1944. De joven, participa en el coro del colegio de salesianos al que asiste, aunque con 15 años ya trabaja en la sección de ropa de los almacenes Olmedo de su ciudad. Aunque su empleo no le gusta nada, la salvación llega cuando en los almacenes abren un departamento de discos. Allí empiezan sus contactos con el mundo del espectáculo, y poco después empieza a cantar en una orquesta para turistas. Su segunda maqueta llega hasta las oficinas de la compañía Phillips, que le ofrece la posibilidad de grabar un single. Miguel se desplaza hasta Madrid y en 1962 aparece El twist, con cuatro canciones bajo la autoría de Mike Ríos. Esta determinación comercial no agrada al cantante, que tras algunos maxis de éxito acaba por retomar su nombre en español. Sus primeros plásticos se nutren de versiones, hasta que en 1965 empiezan a proliferar composiciones originales. Mirar hacia ti, el primer disco grande del granadino, aparece en 1969, aunque en su mayor parte recopila sus últimos singles. Al año siguiente llega Despierta, que incluye el famoso Himno a la Alegría, inspirado en el 4º movimiento de la 9ª sinfonía de Beethoven. La popularidad de Miguel trasciende nuestro territorio, para impactar en diversos puntos del mundo incluidos los Estados Unidos, donde alcanza el número 4 del billboard en pugna con artistas como The Jackson Five o The Beatles. De sus visitas a ese país, Miguel capta varias ideas: entre otras, el espíritu hippie que invade a la juventud, así como la concepción de los conciertos a modo de verdaderos espectáculos. En 1972 realiza la gira Conciertos de rock y amor, que tras un considerable éxito, le lleva directamente a la prisión durante 27 días, por su mal ejemplo ante los tiernos mancebos españoles. Pese a todo, el disco que resume aquellas actuaciones sale al mercado, para ser el primer álbum grabado en directo del rock español. Tras algunas recopilaciones de éxitos, en 1974 aparece Memorias de un ser humano, más reflexivo y pausado, antes de que Miguel abandone su residencia en el centro de Madrid para instalarse en una casa en Torrejón de Ardoz, que él llama la huerta. El ruido de los aviones de guerra estadounidenses y los ecos de la guerra fría y el peligro atómico motivan su siguiente álbum, autoproducido en el estudio de su casa. La huerta atómica (1976) muestra sus inquietudes ecológicas y, en cierto modo, el temor a la colonización cultural estadounidense. En Al-Andalus (1977) explora la música árabe, en un ejercicio que se anticipa al posterior movimiento del rock andaluz en los 80. El tema El cinco a las cinco, en memoria de Federico García Lorca, es censurado en España, cosa que genera una edición del álbum en inglés. En 1979, junto al guitarrista Javier Vargas, graba Los viejos rockeros nunca mueren, donde retoma el fuste clásico mientras la gente empieza a hablar de una Movida en Madrid... Estamos en los 80. Rockanroll Bumerang (1980) y Extraños en el escaparate (1981) preceden la aparición de su trabajo definitivo: Rock & Ríos (1982) es su segundo álbum en directo, pero esta vez en formado doble y con un repertorio popular, que capta al artista en su mejor momento. ¿Alguna duda? Doble disco de oro por sus ventas en España y una exitosa gira adicional, llamada El rock de una noche de verano, que logra aforos de hasta 100.000 personas. A partir de aquí, Miguel Ríos prosigue su andadura en los años locos, aunque el auge del rock urbano y el heavy metal empieza a emborronar su clara regencia. Por otro lado, los llamados modernos tienden a desprestigiar el rock ante su clasicismo y falta de frescura, cosa que no le hace ningún bien a la música de Mike. Pese a todo, todavía es una institución y sus discos siguen teniendo buen acogida. Incluso los hermanos Auserón –Radio Futura- colaboran en El año del cometa (1986), con la canción El ruido de fondo. En 1987 presenta el programa televisivo ¡Qué noche la de aquel año!, por el que obtiene el premio ondas y del que se extraen dos discos dobles, también súper-ventas. Miguel Ríos (1989), álbum homónimo, despide la década con un Mike en claro declive ante las nuevas generaciones. Durante los años 90, su repercusión va diluyéndose entre premios honoríficos y otros paripés necesarios en tiempos difíciles. Ante su incapacidad para seducir al público joven –ahí está Rosendo Mercado, por ejemplo-, el de Granada se incorpora a la plana de la música española para adultos, de la mano de sus compañeros de generación. Cuentan que fue él quien acompañó a una joven Ana Belén a su primer concierto, mientras en los 70 ya había compartido escenario con Joan Manuel Serrat. En 1996 se plasma el proyecto El gusto es nuestro, con Ana y Víctor Manuel, Serrat & Ríos de gira con mucho éxito y disco posterior. Dos años después, Mike toca fondo con la Big Band Ríos, donde intenta emular el sonido magnifico de las bandas americanas con mayor pena que gloria, en una gira fruto del mero capricho del artista. El viejo rockero despide el milenio con un álbum grabado junto a la deliciosa Ana Belén, en homenaje a la obra de Kurt Weill. Con las facultades artísticas claramente mermadas, Ríos recurre a un repertorio ajeno para dar forma a su siguiente trabajo. En Miguel Ríos y las estrellas del rock latino (2001) canta junto a nombres como Charly García o Fher de Maná, para mostrar un presente poco esperanzador. Cuentan que el que tuvo, retuvo, aunque en el mundo del rock esa máxima casi siempre pierde el sentido...